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ENTREVISTA DE PILAR TAMAYO

Victoria Liceras: “Una Fallera Mayor no desmerece sin un espolín”

PILAR TAMAYO 2017-03-13
Victoria Liceras
Victoria Liceras
Victoria Liceras
Victoria Liceras

Médico analista de formación e indumentarista por devoción. Empezó a coleccionar piezas antiguas hace 40 años y a adentrarse en la vestimenta del siglo XVIII que da nombre a su tienda en Ciutat Vella. Huye de los brillos, las lentejuelas y los bordados y domina con maestría los patrones del XVIII: cuerpos ajustados, pecho disimulado con un pañuelo, faldas con poco vuelo que muestren los pies, un solo moño, una única aguja y colores más bien pasteles. Para ellos, blancos mediterráneos, alpargatas y pañuelos al estilo Fuset, sin lazos artificiales al lado. Crítica con las carambas, los abanicos con el nombre impreso y los pañolones y sorprendida con el revuelo alrededor del espolín: “Me está haciendo mucha gracia toda la movida que se está organizando. Una Fallera Mayor no desmerece por no llevar uno”. Defiende el sentido común en la fiesta: dos o tres trajes a lo sumo para una fallera mayor de comisión y racionalizar, a la baja, tanto el vestuario como los actos a los que asisten las Falleras Mayores. No entiende la moda de estrenar un corpiño para la ofrenda y aconseja: si llueve, o bien plásticos o bien un traje de algodón. Lean con atención. Habla la maestra de la indumentaria valenciana.

 

¿Cómo se convierte una analista del Clínico en indumentarista?

Todo surge a través de la afición a las antigüedades de mi marido al que acompañaba a ferias, rastros… y me aburría si no miraba mis cosas. Llevo 40 años coleccionando piezas de ropa de valenciana que en aquel momento eran asequibles y estaban a mi alcance. Y empecé a estudiar porque quería conocer la procedencia e historia de cada pieza.

 

¿Por qué el siglo XVIII? ¿Qué tiene de especial?

 La ropa de un estilo puro tiene en el XVIII sus orígenes. Es el último momento en que el vestir era tradicional y luego ya vinieron la industrialización  y la globalización.

 

Vamos con una polémica: ¿un solo moño o tres?

Yo digo: cuando se recupere un traje, con todas las consecuencias. Cuando una persona se viste de una época, todo lo que lleve debe estar acorde. No puede haber un abogado que lleve una toga negra y unos pantalones de cuadros rojos porque rompería la armonía. En el XVIII no existían los tres moños que aparecieron un siglo posterior. Hay que pensar que las Fallas es masificación y es muy difícil que todo el mundo piense igual pero nos ayuda que nos hayan declarado Patrimonio de la Humanidad para avalar el purismo en el vestir. Posteriormente, cuando las señoras llevaban los tres moños tampoco vestían un traje de seda sino de algodón pero eso una fallera lo considera pobre. Y llegamos a un mix de traje.

 

¿Cómo es un traje del XVIII?

Absolutamente ajustado al cuerpo. De cintura para arriba es una funda, tanto para hombres como para mujeres. El pecho no se señala sino que se aplasta con un pañuelo como prueba de pudor, cosa que no se sigue con esas falleras que van a la ofrenda y al agacharse se les ve el ombligo. La falda, voluminosa pero sin parecer que se va a volar. En esto, yo estaba muy de acuerdo con Rita Barberá.

Se ven los pies. En el XVIII, es la primera vez en la historia de la moda, en que una mujer enseña los pies. La silueta es como una campana. Y el peinado recogido para atrás o bien con una trenza o con un moño. Una sola peineta y una sola aguja que sirve para sujetar las trenzas. El pañuelo siempre se debe llevar. Todas las prendas que se llevaban tenían una utilidad. Entonces, alguien tiene que explicarme qué sentido tiene, por ejemplo, la cinta cosida alrededor del escote, que es absolutamente artificial porque ninguna mujer se levantaría por la mañana y se vestiría así.

 

¿Qué busca su clientela al entrar por la puerta?

Es curioso que aquí lo encuentra soso, con poco brillo, poco bordado y poca lentejuela. Cuesta mucho que no se valore un delantal por tener más brillo sino porque tenga un diseño de la época con elementos tradicionales. Como con las peinetas: la gente ha perdido el respeto a la tradición. De repente se pone el escudo de la falla.

 

Hablemos de tejidos…

A mí me está haciendo mucha gracia toda la movida que está habiendo con el espolín. Es prácticamente imposible salvaguardar el espolín porque la mano de obra es cara. Antes, el principal cliente era la Iglesia pero ahora el espolín ha desaparecido de las casullas. Y las falleras, tienen que pensar en el poder adquisitivo y más en algo que se va a utilizar cuatro veces al año. Como el mercado no se mantiene con 20 espolines al año para tres fabricantes, debe ser Cultura la que proteja el espolín. Hace mil años grabé un programa de televisión que se llamaba Los tesoros vivientes del Japón, en el que un señor hacía un tipo de cerámica subvencionada por el Estado. Los que deben proteger son las instituciones.

 

Y de colores…

En el XVIII todos los colores eran pastel. Con los tintes químicos, ya se acabó. Y según lo que Zara pone en el escaparate, la gente pide. Y colores que nunca han existido, como fucsias o pistachos. Si la gente no lo comprara, volveríamos a la tradición. Estos días he estado en Compañía Valenciana de la Seda y aprecié el cambio: era como si se hubieran decolorado.

 

¿Se frivoliza entonces hablando del espolín?

Por supuesto. Una fallera mayor no desmerece sin espolín. Antes no gustaba que tuviera tantas costuras porque un espolín tiene 53 centímetros de ancho y para hacer una falda, tienes un montón de costuras verticales mientras que con una tela doble ancha, con dos o tres costuras es suficiente. Luego empezaron a hacer telas estrechas que no son tal sino que en el telar hay unos cortes que hace que la tela salga a tiras y como lleva muchas costuras, es un engañabobos porque sería muchísimo más bonita si fuera ancha y no estropeas el dibujo. El querer figurar siempre ha sido muy humano.

 

¿Se frivoliza también cuando se habla de indumentaristas?

Un indumentarista es el que se dedique al estudio y difusión de los trajes antiguos valencianos. Y hay pocos poquísimos : no encuentro en los archivos a mucha gente y publicaciones, pocas.

 

¿Y el algodón?

 ¡Precioso! Precisamente, en el XVIII los algodones eran más exóticos y tenían tanto valor como una seda.

 

También están al alza los damascos…

Son la sencillez. Siempre se han llevado y después de su época, viene una época de oro y plata para deslumbrar y es cíclico. Generalmente las personas más cultas, y no quiero decir una élite, buscan más la sencillez.

 

¿Cuántos trajes necesita una Fallera Mayor?

El otro día leía que la Fallera Mayor de Valencia (FMV) llevaba estrenados 14 trajes y me parece un dispendio. A mi nieta, cuando fue fallera mayor, no le hice más trajes por fardar. Con dos o tres es suficiente. Me parece absurdo estrenar un corpiño para llevarlo dos horas en la ofrenda.  Sobre todo en el caso de las niñas es horrible porque suelen ser falleritas en un momento de cambio.

 

¿Se está perdiendo la mesura?

Una FMV con un dispendio sólo da ejemplo de un derroche innecesario. También pienso que es absurdo que le hagan ir a todo. No me parece bien que se participe, por ejemplo, en San Vicente porque hay una protagonista que es la Honorable Clavariesa. Cada fiesta tiene su protagonista y no es la FMV, que parece que hasta tenga que cerrar la ofrenda de San Vicente. He conocido FMV que al terminar el ejercicio tenían unos edemas en los pies tremendos, con las orejas y el pelo destrozados. Son fiestas para disfrutar y no para machacarse.

 

¿Una FMV que le encantara?

Marta Reglero, una fallera que al parecer no gustó mucho pero la vi con mucha personalidad y no tenía que ir recargada por ejemplo a las seis de la tarde a un casal.

 

¿Ha vestido a muchas FMV?

¡No! A pocas, quizás porque no me he doblegado a lo que han querido sino que por obligación moral he hecho lo que he considerado. Si hiciera lo que no pienso, es como si me estuviera traicionando y perdería credibilidad.

 

¿Una moda que no entienda?

Las carambas. Son voluminosas, como los pompones que lleva la Duquesa de Alba en los cuadros de Goya pero no lo que se llama en la calle caramba. Nosotros tenemos relicarios antiguos o hacemos un lacito para una medalla pero siempre inspirado en algo real.

 

¿Le gustan los abanicos?

Con el nombre puesto, nada. Si hace calor, es un complemento que va bien. Llevar por llevar, no. Y el pañolón no ha existido jamás. Lo que se vio en la última época con trajes de mangas farol eran los mantones de Manila que están en desuso y es una pena con lo coloristas que son. Y anteriormente, se llevaban piezas de tapar pero no pañolones que aparecieron por arte de birlibirloque. Prefiero un trozo de terciopelo, un chal de cachemir…

 

Vayamos a la polémica con el uso de los pañuelos de Pere Fuset… ¿Es adecuado?

Ha sido una recuperación. Hizo más Fuset el año pasado en unas Fallas que los que habíamos estado peleando 20 años. No se lo inventó él pero sí es verdad que lo ha difundido. Eso de poner un lazo, por ejemplo, es un invento porque no he visto a un labrador vestido así. Son modas pasajeras porque no hay quien los apoye de forma científica.

 

¿Cómo se debe vestir un hombre?

No me gusta que los hombres vayan de florero. Me gusta el saragüell blanco, que no se transparenta si se hace con un lienzo grueso. Me gustan los trajes con calzón corto, sin hombrera y acomplados como fundas. Claro que no favorece de no ser que tengan mucho gimnasio pero tienen más atractivo.

 

¿Y calzados?

Siempre con alpargatas pero ahora el nivel es a lo marqués que debe llevar zapatos. Y no te digo nada cuando van con casacas. Sí que es verdad que la burguesía de la época llevaba una especie de casaca corta pero de otro tipo, el acompañante debe llevar una peluca blanca porque si no, va haciendo la risa. Muchas veces la necesidad de distinguirse en un colectivo, se pasa de lo original a lo ridículo.

 

Por último, un consejo ante unas Fallas que se prevén lluviosas.

Nunca meter los trajes en la lavadora. Si se mojan, inmediatamente llevarlos al tinte porque se corren las tintas. Las bandas destiñen. No siempre se recupera en el tinte. En la ofrenda, si llueve, siempre plástico o el peor traje de algodón.

 

Pilar Tamayo

 

Fotografías: Tamayo Fotografía

 

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