VALENCIA
Serafín Zubiri inaugura la Semana Fallera de Valencia con un concierto que hizo latir corazones y revivir el alma de Nino Bravo en La Rambleta
Valencia dio este sábado el pistoletazo de salida a su semana más esperada con una velada cargada de emoción, nostalgia y profundo sentimiento
REDACCIÓN
2026-03-15
Concierto de Serafín Zubiri en La Rambleta de Valencia. / EPDA
El Teatro La Rambleta se convirtió el pasado 14 de marzo en un auténtico templo de la música y de la memoria colectiva gracias a "Nino Bravo en Esencia", el espectáculo con el que Serafín Zubiri logró estremecer a un auditorio completamente lleno.
Con cada butaca ocupada y un público expectante desde el primer instante, la noche prometía ser especial. Y lo fue. El artista navarro, profundamente vinculado a Valencia y al legado del inolvidable Nino Bravo, apareció sobre el escenario entre una cálida y prolongada ovación. El aplauso resonaba como una bienvenida cargada de cariño mientras Zubiri, con la serenidad de quien sabe que está a punto de compartir algo profundamente sentido, se sentaba frente a su inseparable piano.
Las primeras notas de "Como Todos" comenzaron a fluir por el teatro, abriendo un viaje musical que recorrió la esencia del repertorio del cantante valenciano más universal. Acompañado por La Zubiri's Band, un conjunto de cinco extraordinarios músicos que aportaron elegancia, sensibilidad y precisión a cada interpretación, Zubiri fue hilando uno tras otro los grandes himnos de Nino Bravo, junto a joyas menos conocidas pero igualmente imborrables para toda una generación.
A lo largo de la velada se sucedieron momentos de intensa emoción, instantes en los que el tiempo parecía detenerse y la memoria colectiva cobraba vida. Uno de los más conmovedores llegó cuando el piano de Zubiri comenzó a dibujar las primeras notas de "Cartas Amarillas". El delicado sonido del saxofón soprano acompañaba la interpretación cuando, de repente, la figura de Nino Bravo apareció en pantalla. Su voz se unió a la de Zubiri en un dueto tan inesperado como sobrecogedor. La magia inundó el teatro. El público, visiblemente emocionado, respondió con una ovación cargada de lágrimas, con rostros iluminados por la emoción y miradas vidriosas que delataban la intensidad del momento.
Sin embargo, la noche todavía guardaba un instante que quedaría grabado en la memoria de todos los presentes. En un gesto profundamente simbólico y cargado de respeto hacia la historia de la música valenciana, Zubiri quiso recrear un episodio muy especial ocurrido exactamente un 14 de marzo de 1973, cuando Nino Bravo ofreció su último concierto en Valencia, en la mítica sala Parador 73. Aquella noche, el artista interpretó el Himno a Valencia, una actuación única de la que nunca se conservó grabación.
Con ese recuerdo como inspiración, Serafín Zubiri regresó al escenario portando sobre sus hombros la Senyera valenciana. En un momento solemne y profundamente emotivo, el artista se "bautizó" simbólicamente como valenciano y comenzó a interpretar el himno en valenciano. El público se puso en pie de manera espontánea, acompañando cada verso con respeto y emoción. El teatro entero cantaba al unísono mientras las lágrimas afloraban en muchos rostros. Fue un instante irrepetible, cargado de orgullo y sentimiento: el himno a Valencia interpretado con pasión por un pamplonés que, como él mismo se define, se siente "un valenciano de Pamplona".
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