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EL ARTICULARIO DE PACO VILLENA

Russafa a dos tiros de ballesta

Francisco Villena 2016-10-13
Francisco Villena
Francisco Villena

El verano era la estación más propicia para trasladar el grueso del ejercito de Jaime de Aragón desde el campamento de El Puig hasta las inmediaciones de la ciudad de Valencia para proceder a su asedio y conquista. El río Guadalaviar bajaba ese año con muy poca agua debido a la sequía y en su amplia desembocadura del Grao existía un vado en el cauce que los soldados, caballerías y carros podrían atravesar con rapidez, sin gran dificultad y con buena visibilidad del río y de sus riberas por si sufrían, de improviso, un ataque de los sarrains de la medina de Balansiya. El rey En Jaume llegó al Grao de Valencia desde El Puig atravesando la marjal y el barranco de Carraixet, cruzó el río con sus tropas y acampó en Monteolivete. Sus informadores le aconsejaron que sería más conveniente para acometer la conquista situar su real o residencia de campaña y a sus tropas en la alquería o poblado de Russafa, pues estaba más cerca la muralla de la ciudad, provista de buenas huertas, arrozales y abundante caza y pesca en el lago cercano para abastecer a las tropas. Contaba la alquería con una torre-fortaleza de vigilancia y defensa, y estaba más alejada que Monteolivete de las amplias y accesibles riberas del río, un campo abierto para los enemigos. Además, Russafa estaba protegida por el sur por la defensa natural de " el pequeño mar ", la Albufera. Sin duda, Russafa era el lugar más idóneo y seguro para el campamento del ejército de la Corona de Aragón, acometer la conquista de la ciudad y, sobretodo, para defenderse de los posibles ataques de los musulmanes que nunca llegaron a producirse.

 

La Russafa de Valencia tuvo su origen por voluntad del gobernador andalusí de Valencia, el príncipe omeya Abd Alláh, conocido como Al Balansí, el Valenciano, de construir en aquel lugar en torno al año 800 una munya, una almunia. Las almunias eran casas de campo y fincas de recreo, con jardines, arboledas, estanques y fuentes que se hacían construir los potentados musulmanes. Al Balansí dio a aquel lugar y a su finca el nombre de Russafa. Junto a la munya, que por su belleza y por los poetas que la ensalzaron alcanzó fama universal en el mundo islámico, fue creciendo la alquería o poblado que se encontraron, más de cuatrocientos años después, ya sin munya ni jardines de Al-Balansí pero con fértiles huertos, el rey En Jaume y su esposa Violant.

 

Los Omeya eran un poderoso linaje árabe de La Meca de la misma tribu que  Mahoma y emparentados con el profeta por el matrimonio de un Omeya con dos de sus hijas. La dinastía Omeya gobernó el Califato de Damasco al que  perteneció Al-Ándalus hasta la creación del Califato de Córdoba en el 929.  Al Balansí era hijo del primer emir Omeya de Al Ándalus, Abd al-Rahmán (Abderramán I), el padre del Estado islámico de Al-Ándalus. Al Balansí quiso recordar su niñez y a su padre Abderramán quien se hizo construir una munya en Córdoba con ese mismo nombre de Russafa, emulando a su vez a su abuelo Abd el Malik, Califa de Damasco, quien se hizo construir una munya en Siria, entre Palmira y el Eúfrates, a la que también llamó Russafa. 

 

De las tres Russafa, la valenciana es la más famosa y cantada en la literatura árabe gracias a los grandes poetas valencianos Ibn al-Abbar y  Ar-Russafi.

 

Jaume I contaba entonces 30 años, había conquistado siete años antes la taifa de Mallorca, con un resultado sangriento de miles de muertos, violaciones y saqueos a los musulmanes de la isla. Con seguridad aquellos cruentos acontecimientos de la conquista de Mallorca marcaron profundamente el carácter a aquel joven rey, criado y formado por los Templarios. Valencia tendría que rendirse sin sangre. Esa era, desde el principio, su obsesión y la de su esposa Violant frente a los ambiciosos nobles y señores feudales de la guerra que con sus tropas mercenarias le acompañaban en aquella nueva Cruzada de la cristiandad que significaba para la Iglesia la Conquista de Valencia. Jaume llevó personalmente las negociaciones secretas con el rey musulmán de Valencia Zayyan, representado por su sobrino Abú-l-Hamlek, interviniendo también en las mismas el traductor y la reina. Sólo cuatro personas negociando en Russafa la rendición de Valencia. Nadie más. Jaume no confiaba en sus caballeros catalanes y aragoneses, codiciosos de saqueo y con ansias de guerrear para obtener de este modo mejores recompensas reales por sus servicios militares. Las negociaciones de la capitulación de Valencia se llevaron a cabo en el real de Russafa que, según la tradición oral valenciana, se situaba en una pequeña elevación pedregosa del terreno que hoy ocupa el monasterio de la Mare de Deu dels Angels, una placa nos lo recuerda.

 

Zayyan, el último rey musulmán de la taifa de Valencia, no encontró apoyo ni refuerzos militares de las taifas vecinas ni del sultán de Túnez, y no pudiendo vencer al rey cristiano en esas circunstancias rindió la ciudad. Zayyan era un pragmático político profesional andalusí nacido en Onda (Castellón) que un año antes había sido derrotado por Jaume I en la Batalla de El Puig. Con su capitulación evitó más penurias y derramamiento de sangre y el saqueo de Valencia si hubiese habido una confrontación militar. Consiguió seguridad para las personas y bienes de los musulmanes, judíos y mozárabes (cristianos que vivían en la Valencia musulmana)  que quisieron quedarse en la ciudad y taifa de Valencia y garantías para los que decidieron abandonarla, porque ya no sería nunca más la Madîna Balansiya. Cerca de 40.000 personas abandonaron tras la capitulación la taifa de Valencia, de la ciudad y los pueblos o alquerías. Quedaron en el nuevo Reino cristiano de Valencia y como súbditos de la Corona de Aragón unos 160.000 habitantes. La ciudad de Valencia tenía entonces unos 15.000 habitantes pero, como ocurre ahora, la población de sus numerosas alquerías o pueblos vecinos próximos a la ciudad, su gran área metropolitana, sumaba entonces unos 20.000 más.

 

La capitulación o rendición se firmó el 28 de septiembre de 1238 en la Walaya. No se firmó en el real de Russafa, como muchas veces se sostiene por error. "Se encontraron en la Walaya, Jaime y Zayyan. Yo presencié todo aquello y firmé el acta de capitulación "  nos lo cuenta en su crónica el secretario real y gran poeta Ibn al-Abbar. La Walaya era una gran campa o prado fuera de la muralla árabe que discurría en aquel tramo por la actual calle San Vicente (Puerta de la Boatella) hasta la calle de las Barcas. Coincidiría la Walaya con lo que hoy es la plaza del Ayuntamiento, Marqués de Sotelo, calle de Ruzafa y Xátiva frente a la Estación del Norte. Allí tenían lugar las ejecuciones públicas, paradas militares, grandes acontecimientos populares, lugar de esparcimiento y de paseo. La calle de Ruzafa de hoy era entonces el Camí de Russafa ( Tariq ar- Russafa). Russafa sigue hoy donde estaba antes: " Ruçafa a dos trets de ballesta prop de la vila de Valencia ", a dos tiros de ballesta de Valencia, como está escrito en la crónica del Llibre dels Feyts. Unos 1.200 metros hacen desde la estatua de Francesc de Vinatea en la Plaza del Ayuntamiento a la Iglesia de San Valero de Russafa, poco más o menos.

 

Russafa vino de Oriente a Valencia para quedarse para siempre. El pueblo de Russafa es hoy nuestro querido barrio de Russafa, en efervescencia artística, cultural, gastronómica y de rehabilitación urbanística. Russafa no es ya ni mora ni cristiana, sino un espacio urbano valenciano multicultural y de pacífica convivencia, intergeneracional, respetuoso y orgulloso de su pasado y de su recuperado futuro. No existe ninguna persona medianamente culta en el mundo islámico que no sepa que Russafa está en Valencia y que era un paraíso, como así lo cantaron sus grandes poetas musulmanes y, además, valencianos. Entre ellos, uno de los más conocidos en la literatura árabe, el poeta Ibn Galib Ar-Russafi (Russafa 1117- Málaga 1177) quien dejó escrito estos bellos versos de su ciudad y de lo que le llevó abandonarla:

 

" En Valencia es constante el fulgor de la mañana

pues el sol juega con el mar y La Albufera….

 

Valencia sigue siendo la perla blanca que me deslumbra

por donde quiera que vaya….

 

Fue el respeto a una tierra de hombres libres

y jóvenes valientes, lo que me alejó de ella ….

        
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